Joel Potrykus: “No me interesa para nada hacer dinero con mis películas”

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Conversamos con el cineasta invitado a la pasada edición de nuestro festival. Aquí la entrevista realizada  por Felipe Blanco.

La trayectoria de Joel Potrykus (Michigan, 1977), creció velozmente con sólo tres largometrajes. Desde la exposición de ciertas patologías urbanas en Ape (2012) y Buzzard (2014), hasta la observación del progresivo desquiciamiento de un misántropo en The Alchemist Cookbook (2016), el realizador ha estado bajo la mirada de programadores en Locarno, Chicago, Francia y Eslovenia.

A Valdivia llegó junto a un foco con sus tres largos y disfrutó la ciudad tanto de día y de noche y se mostró accesible al público más culto y también a las hordas de estudiantes de cine que se acercaron a intercambiar algunas palabras con él. Esta entrevista se realizó en medio de su ajustada agenda y cuando Ape se había transformado en el gran boca a boca de los primeros días de festival.

Potrykys ha ido construyendo desde sus primeros cortos un universo cinematográfico que se le parece bastante. No sólo esta su visión de la vida suburbana estadounidense, también está parte de su biografía contenida en trabajos como Ape, su devoción por el rock duro y el culto al cine de Jarmusch, Scorsese, Kubrick, Tarantino y decenas de influencias que incluye explícitamente en sus películas.

Su llegada a Chile coincide precisamente con la promoción de su última película, que ha decidido estrenar simultáneamente en salas y en streaming.

En Ape, como en tus siguientes dos películas, hay mucho reciclaje de cultura pop. ¿Por qué decides trabajar con esos elementos culturales y no con otros?
Son las cosas que a mí me gustan y que corresponden a esa cultura algo ridícula, no sé si en América del Sur tiene el mismo sentido pero me refiero a, por ejemplos, los mercados Seven Eleven, o comer la pizza congelada, y que corresponden ciento por ciento a mi propia experiencia de vida.

Tanto en Ape, era una película muy autobiográfica, como en tus siguientes obras la violencia es un tema persistente.
Me gusta combinar diferentes tonos y géneros en mis filmes, de manera de tener un momento gracioso, luego uno triste y después uno más violento. Para mí es casi como un experimento ver cómo el público los confronta. Pero la violencia es importante para mí quizás porque todas mis películas favoritas son películas violentas y sangrientas. Lo que hago muchas veces es replicar lo que me gusta y lo que veo y combinarlos para ver qué resulta. A veces funcionan bien y otras veces no.

En el caso de Ape hay citas explícitas a Stranger Than Paradise, de Jarmusch, y obviamente a Taxi Driver ¿Cuáles son tus influencias más allá del filme de horror?

Jim Jarmusch es definitivamente mi principal influencia y esa escena en la que el protagonista dice “tengo mi carne, tengo mis papas fritas…”, etcétera la tomé directamente de Stranger than Paradise. Fue la primera película que vi que me hizo sentir que podía ser cineasta, por su minimalismo, su manera de decir las cosas en un tono tan leve. A mí me gusta combinar esas influencias como Jarmusch, Taxi Driver y también del inglés Lindsay Anderson, que dirigió Un Hombre de Suerte, una de las cosas más increíbles que he visto y que probablemente sea mi película favorita.

Te preguntaba lo de la violencia porque luego de la proyección de Ape escuché a algunos asistentes referirse a que se habían sentido algo agredidos por la película.

Ja ja. Eso es bueno, aunque depende del nivel de agresión que pueda tolerar alguien. Pero en principio eso es todo lo que una película debiera hacer, proporcionar una experiencia poco confortable, desafiar al espectador, entregarles algo diferente y también algo nuevo. Ape fue mi primer largometraje y en retrospectiva creo que para mí es difícil de verla hoy… casi una experiencia dolosa.

¿No es una película que te guste demasiado?

Me gusta por lo que es, más bien en un sentido técnico, pero por lo personal es en muchos sentidos perturbadora para mí.

¿Cómo abordas el trabajo de actuación en general, y particularmente con Joshua Berghe?

Joshua es un músico que construye con su rostro y para mí lo mejor que puede hacer un actor que cuando no está hablando pude decir con sus rasgos faciales mucho más que cuando está hablando. John Cassavetes dijo algo así como que el mejor paisaje es el rostro humano y eso significa todo para mí.

En general te has manejado en contextos de producción independiente, has estado en Locarno, ¿Te sentirías cómodo trabajando en contexto de producción cercanos al mainstream?

No, jamás. Pareciera ser la llave de todo y cuando haces cine independiente pareciera tener cierto glamour. Pero yo no necesito hacer películas para vivir porque mi principal ingreso proviene de mis clases en la universidad, de modo que no necesito dirigir un filme mainstream. Hacer una película significa para mí ciento por ciento arte. No deseo hacer nada comercial.

¿Cómo parten tus ideas cinematográficas, de la música, de emociones, como referencias a otras películas?

Siempre parten de una idea. Ape partió porque quería hacer una película sobre un aburrido comediante de stand up y lo combiné con otras ideas, como por ejemplo hacer una película sobre un pirómano, así que hice un filme sobre un cómico pirómano y entonces, estás en ese punto cuando escribes el guión y no sabes si el personaje va a aparecer o no, así que comienzo combinando diferentes elementos hasta que aparece la historia.

The Alchemist cookbook tiene un tono completamente diferente al de tus dos películas anteriores.

Es sobre un hombre que se instala a vivir en un bosque para de aprender lo que significa ser un alquimista. Aquí hay aspectos muy diferentes porque en Ape y en Buzzard tenía a Joshua Burge, que es blanco, y ambas transcurren en la ciudad. Para The Alchemist… elegí a un personaje afrodescendiente. Al principio el público podía suponer que este era un “típico filme de Joel Potrykus”, pero aquí traté de hacer cosas diferentes y experimentar de modo que se pareciera más a un puzzle. Es una especie de puzzle extraño y oscuro, pero definitivamente tiene humor y creo que la escena más graciosa que he filmado está en esta película también. La verás mañana.

El filme fue lanzado en todas las plataformas y también por el sistema “pay what you wish”. ¿Por qué optaste por este método como vía de llegada al público?

Porque como te había dicho, no me interesa para nada hacer dinero con mis películas. Pero sí me interesa llegar a nuevas audiencias de ser posible. Si le ofrezco mi película a un público que no está familiarizado con mi obra probablemente ellos no pagarán una entrada de diez dólares, quizás pagarían uno así que hay que probar. Es una manera de alcanzar a un público más amplio intentando una estrategia nueva. Es decir, se trata de tener un sistema flexible online pero también que las salas acepten que los espectadores paguen por su entrada lo que deseen. Para mí ese es el gran desafío y hay algunas que están dispuestas a hacerlo.